La muerte de El Tiriri deja 'sin gracia' al flamenco malagueño
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Fue mucho más que un cantaor; era un personaje de Málaga. Tan emblemático como el Cenachero deja el flamenco boquerón huérfano de su 'ángel' por bulerías
El Tiriri, en el espectáculo 'Memoriales' de la Bienal Málaga en Flamenco'07.
No se ha muerto un cantaor, se ha muerto una forma de entender el flamenco. Ese podría ser un epitafio justo para la vida ya extinguida del cantaor gitano Gabriel Campos 'El Tiriri', todo un personaje emblemático de Málaga y que usó calle Larios como si fuera el salón de su casa, donde todo el mundo lo saludaba como embajador de una época con más gracia.
En su caso, no estamos hablando de un cantaor enciclopédico de los que aburrían a los señoritos de antes sino precisamente del cantaor tocado con la varita del 'ángel' al que todos querían tener a su lado, en toda buena fiesta que se preciase. Un flamenco genial en las distancias cortas y las ocurrencias instantáneas. Fue un magnífico fiestero y coincidió con los más grandes, desde Caracol a Mairena, Miguel de los Reyes (con el que pasó muchos años en su trouppe) o Camarón, que moría con su arte. La extinta Taberna Gitana fue su tablao de correrías más conocido.
'El Tiriri' nació en una familia cantaora, con nombres propios como el de su padre, Manuel Campos o su hermano el Ronco. Su prima es La Cañeta y su tía La Pirula. Compadre de Pepito Vargas o amigo de Carrete es por esta broncínea casta y compañías que le venía ya en la 'masa de la sangre' esa facilidad por la bulería, ese temple por tangos. También guardaba familiaridad con ese vocabulario saleroso de otros compañeros como Chiquito. Era toda una estampa de torería en sus caídas casi diarias por el Café Central. Donde a casi toda Málaga le vendió una cinta de cassette de su último disco. Genio y figura hasta la sepultura.
Pues bien, hasta los grandes genios se agotan y El Tiriri lo ha hecho a los 83 años. Pese a haber aguantado a una Málaga madrastra con sus más insignes cantaores, ahora se ha retirado definitivamente de su eterna cantinela. En vida nunca lo hizo, pese a probablemente haber engatusado más que ningún otro flamenco a instituciones y amigos de que ya no volvía a los escenarios. Seguro que puede poseer una de las más curiosas marcas del mundillo flamenco, digna del Guiness Record en relación con el número de reconocimientos públicos recibidos, que a decir verdad siempre serán pocos.
Era genial en las sentencias. En una ocasión le preguntaron por la afición a la bebida de un cantaor de su época. Sin pestañear, El Tiriri le explicó al periodista la afición de aquel amigo. "Se bebía hasta la colonia. Fíjate si bebía que en una ocasión él y yo cogimos una borrachera en un cuarto de baño". Puro arte. Dios lo tenga en su gloria.
Categoría: CULTURA Martes 10 de Febrero del 2015
