Médicos, de padres a hijos

La quinta generación de oftalmólogos

La saga Fernández-Vega de Oviedo, casi al completo. De izquierda a derecha, Luis (director médico del instituto, Javier (cirugía plástica de ojos), Mónica (anestesista), Lucía (estrabismo), Álvaro (retina), Beatriz (retina) y Luis jr. (córnea y cirugía refractiva)- MARIO ROJAS

Luis Fernández-Vega Sanz es bisnieto, nieto, hijo y también padre de oftalmólogos. La quinta generación ya está ejerciendo la Oftalmología en Oviedo, donde el instituto que lleva el nombre familiar se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los cien mil pacientes que acuden cada año en busca de una solución para sus ojos.

Hoy resulta frívolo pensar que alguien con esta trayectoria y herencia familiar quisiera trabajar en algo diferente que no fuera la Oftalmología. Pero él lo intentó. «Dudé si hacerme economista y llegué a matricularme al mismo tiempo en Medicina y Económicas sin que lo supieran mis padres. Iba a dar clase a las dos Facultades. Quizá fue un acto de rebeldía propio de la juventud, pero las dudas solo me duraron unos días. Yo quería saber que lo hacía por convicción, no como un acto de mimetismo con la tradición familiar», recuerda.

Su entrenamiento como oftalmólogo comenzó a los 7 años, ayudando a su padre a marcar las letras que debían leer los pacientes para diagnosticar sus problemas de visión. A los 15 años ya entraba en el quirófano y en 1982 Luis Fernández-Vega Sanz se convirtió en el catedrático de Oftalmología más joven de España. «Mi formación fue privilegiada, con el profesor Ramón Castroviejo. Suelo bromear diciendo que en mi primer trasplante de córnea, tuve de ayudante al doctor Castroviejo. Todavía recuerdo cómo me golpeaba con las pinzas en los nudillos cuando hacía algo mal en el quirófano».

Llegó a la Oftalmología por convicción, como también lo han hecho sus hijos y sus sobrinos. «En nuestra familia no se presiona ni se induce a nadie, aunque resulta difícil abstraerse de una profesión tan bonita que puede devolver uno de los sentidos más preciados y con la que hemos visto disfrutar tanto a nuestros padres». Fernández-Vega recuerda a aquellos pacientes que le decían a su padre «gracias a usted puedo ver».

A él sus dos hijos -uno oftalmólogo licenciado y otro en camino- también le han visto cada noche divertirse con su profesión, «estudiando técnicas nuevas y viendo vídeos de oftalmología. Ahora el mayor está absolutamente ensimismado con su profesión. Creo que resulta difícil abstraerse a este ambiente».

Sin embargo, el apellido no basta para ser admitido en un centro que tiene la excelencia como marca. «Tenemos un protocolo muy estricto que, entre otros cosas, obliga a los médicos de la familia a hacer la especialidad en otro centro. No hay favoritismos», explica.

El embrión de lo que es hoy el Instituto Fernández-Vega se puso hace cinco generaciones. Sin embargo, el gran salto de aquella consulta en una calle céntrica de Oviedo al hospital actual se dio en 1998. Se pasó de una consulta con una veintena de profesionales trabajando a un instituto con más de 200.

En el camino, esta familia de oftalmólogos ha sido pionera en trasplantes de córnea, en operaciones de cirugía refractiva para corregir la miopía, el astigmatismo o la presbicia o en introducir las primeras lentes fáquicas (ICL) para tratar miopías elevadas. Ahora están destinando su máximo esfuerzo a la investigación básica, con proyectos tan apasionantes como el cultivo de endotelio artificial para utilizarlo en trasplantes de córnea.

Fuente: http://www.abc.es/sociedad/abci-medicos-padres-hijos-201512230157_noticia.html

Categoría: ACTUALIDAD Sábado 26 de Diciembre del 2015