Los soberanistas apartan a Mas para salvar el desafío ilegal al Estado

La última pirueta de Artur Mas le ha acabado apartando de la Presidencia de la Generalitat. Cuando estaba en un callejón sin salida, y a pocas horas de que se convocaran automáticamente nuevas elecciones, cedió ayer su cargo a Carles Puigdemont, alcalde de Gerona, que se convertirá hoy en el nuevo jefe del Ejecutivo catalán.
En un sorprendente giro de guión, Mas aceptó dejar un puesto que le ha durado algo más de cinco años, y que defendió con uñas y dientes desde la noche electoral del 27-S. Junts pel Sí se quedó a ocho diputados de la mayoría absoluta, y la agónica negociación con la CUP ha propiciado finalmente su salida. Ayer dejó claro que no se va porque quiere, sino empujado por el resto de protagonistas del proceso soberanista.
Puigdemont, un convergente del sector más independentista del partido, se convertirá hoy en el quinto presidente de la Generalitat desde la Transición, tras Jordi Pujol, Pasqual Maragall,José Montilla y el propio Mas. Era el número tres de la lista de Junts pel Sí por Gerona, y hasta ayer su nombre no entraba en ninguna quiniela.
Cuando todos los partidos, incluidos los que llevan tres meses negociando, daban por hecho que se repetirían las elecciones, Mas cumplió las exigencias de la CUP para desbloquear la investidura. La presión popular, la inestabilidad interna de Convergència -sin un sustituto de garantías para afrontar el adelanto de los comicios y con Mas quemado- y el hecho de que ERC hubiera rechazado una nueva lista conjunta han propiciado el desenlace.
Mas ni siquiera seguirá en el Govern con un papel secundario, como se había especulado. En una comparecencia de urgencia en el Palau de la Generalitat, el presidente se despidió explicando que no acepta ningún cargo en el nuevo Ejecutivo. Eso sí, tampoco se retira de la política. «Destinaré esfuerzos personales a rehacer a fondo todo lo que representa Convergència», dijo.
Su intención es poner orden en el partido y, con casi toda seguridad, volver a intentar liderar el independentismo dentro de un tiempo. Lo insinuó cuando aseguró que la decisión que tomó ayer le desvincula de su promesa de no presentarse a las próximas elecciones.
Mas admitió que la solución Puigdemont se improvisó ayer mismo. «Me hago a un lado. Para mí es una decisión dolorosa, pero estoy muy convencido de lo que estoy haciendo. En los próximos días se verán con claridad los beneficios, para el país y para el proyecto», dijo en referencia al proceso soberanista.
El president saliente, que no quiso aclarar si dejará su acta de diputado en el Parlament, dedicó unos minutos a defender a su sucesor, a quien dijo que ha elegido él. «El Parlament investirá en la primera votación a Carles Puigdemont, vinculado a CDC, al municipalismo. Lo ha hecho muy bien como alcalde, tiene muy claro que Cataluña es una nación que tiene derecho a decidir su futuro y que conviene que lo ejerza, y que como objetivo nos debemos plantear que este país llegue a ser como todos los países normales de Europa», dijo. Además, Puigdemont es presidente de la Asociación de Municipios Independentistas (AMI).
Mas se aparta para «salvar el proceso», pero la CUP también deberá pagar un precio. El acuerdo, según él, «da la vuelta a la tortilla y hace que Junts pel Sí controle la estabilidad parlamentaria: existe el compromiso explícito de la CUP de garantizarla. Espero que se cumpla se cumpla en todo momento», advirtió.
Ese compromiso consiste en que la CUP se compromete a no votar en ningún caso «con los grupos contrarios al proceso y al derecho a decidir». Dos de los diputados de la CUP se «incorporán a la dinámica del grupo de Junts pel Sí de manera estable», y garantizarán la unidad de acción. «El Govern no perderá votaciones», resumió Mas. Los anticapitalistas también aceptan «renovar, tanto como sea necesario», su propio grupo parlamentario, lo que podría suponer la renuncia de algunos de sus diputados más críticos con Convergència. Todo el mundo tenía ayer en la cabeza a Anna Gabriel.
No se especificó de qué manera se propiciará la investidura del nuevo president, pero, por falta de tiempo, sólo podrá haber una votación, y Puigdemont deberá ser elegido por mayoría absoluta de la Cámara.
«Lo que las urnas no nos dieron se corrige con una negociación», resumió Mas con una frase elocuente. El presidente saliente fue de nuevo duro con la CUP por haberle obligado a apartarse. «La vida es dura, pero la negociación estaba a punto de acabar en unas nuevas elecciones con alta probabilidad de caos», concluyó. Ésa es seguramente la clave del acuerdo: todo el independentismo creía que ir a marzo era un desastre que acababa con el procés.
El resumen, para Mas, es que «el proceso se salva, el Parlament podrá empezar a funcionar y habrá un Govern con garantías de que no le tumbarán las decisiones cada 15 días».
El propio Mas había asegurado el pasado jueves, que no se apartaba porque era el candidato de la lista más votada, y que «la Presidencia de la Generalitat no es una subasta de pescado».
El nuevo Govern tiene vía libre. Por debajo de Puigdemont, se crearán tres grandes áreas que dirigirán Oriol Junqueras (ERC), Neus Munté y Raül Romeva.
El independentismo se quedó en un 47,8% de votos el 27-S, pero hoy el Parlament votará a Puigdemont, mañana Carme Forcadell, se lo comunicará al Rey, el martes tomará posesión y el miércoles habrá nuevo Govern. Las caras anoche en la sede de CDC, cuando Mas la pisó, a recibir aplausos, eran de funeral.
Fuente: http://www.elmundo.es/cataluna/2016/01/09/5690fba622601d03098b45d7.html
Categoría: ACTUALIDAD Domingo 10 de Enero del 2016
