Obama llega a Cuba para acelerar la transición hacia la democracia

Obama saluda a un grupo de cubanos en su paseo por La Habana. atlas
Un presidente de Estados Unidos puso este domingo pie en Cuba por primera vez en 88 años. Barack Obama, que en 2008 ganó las elecciones con la promesa de dialogar con países enemigos, aterrizó a las 16.19, hora local, en el aeropuerto José Martí de La Habana. Obama no llega para pedirle al líder cubano, Raúl Castro, un cambio político en uno de los regímenes autoritarios más longevos. Tampoco se le recibe con hostilidad: al contrario. En la isla caribeña, uno de los pocos reductos de la obamamanía, el presidente estadounidense quiere afianzar el acercamiento entre ambos países.
Obama, ha afirmado que su visita tiene un carácter "histórico" pero que es sólo "un primer paso" en la nueva relación entre ambos países. En un encuentro con el personal de la Embajada estadounidense en La Habana, el mandatario ha recordado que "han pasado casi 90 años desde que un presidente estadounidense estuvo en Cuba". "Es maravilloso estar aquí", ha agregado."Esta es nuestra primera parada. Es una visita histórica y es una oportunidad histórica para interactuar de forma directa con el pueblo cubano", ha apuntado Obama.
Hasta unos meses, la posibilidad de que un presidente de EE UU entrase triunfal en La Habana entraba en la categoría de las peores pesadillas del castrismo. El apellido Castro provocaba en Washington y Miami —sede del exilio— urticaria, e imaginar a un presidente visitando a un Castro en el Palacio de Revolución de La Habana parecía pura política ficción.
La visita, de 48 horas, culmina un año en que Obama y Castro —un afroamericano nacido en 1961, cuando la revolución cubana tenía dos años, y un viejo revolucionario y militar nacido en 1931— han puesto fin a más de medio siglo de guerra fría. En poco más de un año, EE UU y Cuba han reabierto sus embajadas y Washington ha relajado las condiciones para hacer negocios y viajar a Cuba. El deshielo se ha acelerado tanto que, lo que parecía inimaginable hace un año y medio, como es ver a un presidente estadounidense paseando por La Habana, se antoja natural. La anomalía parece hoy la obstinación durante 55 años en una política de confrontación que mantuvieron diez presidentes sin lograr desalojar a los Castro del poder.
La visita incluye, además del discurso y una reunión el lunes con Raúl Castro (no con su hermano Fidel), encuentros con empresarios y disidentes, y la asistencia a un partido de béisbol. Le acompaña la familia al completo: la primera dama, Michelle, sus hijas Sasha y Malia, y su suegra, Marian Robinson.
En el aeropuerto les recibieron el ministro de Asuntos Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, entre otros altos funcionarios y diplomáticos. Después de una reunión con empleados de la embajada estadounidense en La Habana, Obama visitó a pie La Habana vieja, el casco antiguo de la capital. El historiador local Eusebio Leal ejerció de guía. Después, se ha reunido con el cardenal Jaime Ortega, clave en las negociaciones secretas que llevaron a la normalización de las relaciones.
“Para los cubanos, la visita del presidente es una validación de la revolución”, dice Peter Kornbluh, coautor de Diplomacia encubierta con Cuba, una historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana. En su última edición, el libro incluye el relato más detallado de las conversaciones que llevaron al anuncio, el 17 de diciembre de 2014, por parte de Obama y Castro, del restablecimiento de las relaciones.
“El punto de vista de Estados Unidos”, sigue Kornbluh, “es el siguiente: crearemos puentes culturales, económicos, políticos entre ambas sociedades. Y por estos puentes cruzará la enorme influencia del sistema estadounidense”.
Aplicada a Cuba, la doctrina de Obama en la política exterior reza que el cambio político —la democracia, el pluripartidismo, la libertad de prensa— no llegará impuesto desde fuera, ni mucho menos a la fuerza. Obama no busca el cambio de régimen: ni aquí ni en Irán. La idea es que, mejorando las vidas de los cubanos de a pie, el país acabará transformándose. Cuantos más turistas y estudiantes visiten la isla, y cuanto más negocien entre ellos cubanos y estadounidenses, más cerca estarán de la democratización.
El martes, en el discurso central de la visita, Obama dejará claro que corresponde al pueblo cubano —no a EE UU, ni a nadie más— decidir su futuro. Pero no callará su opinión. “Al pueblo cubano, como a los pueblos de todo el mundo, las cosas le van mejor con una democracia genuina en la que sea libre de elegir a sus líderes, expresar sus ideas y practicar su fe”, adelantó hace unos días en Washington Susan Rice, consejera de seguridad nacional de la Casa Blanca. “Estados Unidos seguirá promoviendo los derechos humanos para todas las personas, en cualquier lugar, incluida Cuba”.
En diciembre, Obama dijo que carecía de sentido visitar Cuba si no había avances palpables en derechos humanos. Estos avances no son visibles y, sin embargo, Obama viaja a la isla.
“Evidentemente, cambió de criterio”, dice el profesor Jorge Domínguez, de Harvard. “En vez de decir: ‘Voy a esperar a que sean palpables los avances en derechos humanos’, mi impresión es que él se ha dicho a sí mismo: ‘Dispongo de poco tiempo. Y si quiero que ocurran cambios en Cuba, tengo que ir a ver a Raúl Castro y decirle: ‘Oye, ¿qué pasa? Yo sólo no puedo hacer esto’’”. Cuando faltan diez meses para que un nuevo presidente le releve en la Casa Blanca, un presidente que podría deshacer los avances del último año, Obama quiere que el deshielo sea irreversible.
“Un presidente republicano podría dar marcha atrás si quisiera”, dice Elliott Abrams, veterano de la Administración Bush y uno de los referentes del movimiento neoconservador. “Mi principal objeción a la política de Obama es que, al contrario que en el caso de Birmania, donde planteamos demandas antes de levantar las sanciones, a Castro se lo hemos dado todo a cambio de nada. Los derechos humanos están peor hoy en Cuba que hace un año”.
Abrams cree erróneas las analogías de viaje de Obama a Cuba con el del presidente Richard Nixon a China en 1972 o el de Bill Clinton a Vietnam en 2000. “En Vietnam tuvimos una guerra con 50.000 muertos. China, a fin de cuentas, es una gran potencia. Cuba es pequeña, con una economía pequeña. Creo que, para Obama, se trata sobre todo de un viaje vanidoso: se reunirá con Castro y a la prensa le encantará, pero los efectos serán muy reducidos”.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/20/actualidad/1458456684_965374.html
Categoría: ACTUALIDAD Lunes 21 de Marzo del 2016
Ignacio Aguado: "Por fortuna, los portavoces de Podemos en la Asamblea son tranquilos"

El líder de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, ha dicho en Es la mañana de Federico de esRadio que se fía "bastante poco de las encuestas" aunque asume que la tendencia para su partido "es al alza": "Podríamos subir mucho de cara a nuevas elecciones, y eso sería bueno para C's, pero malo para España, una pésima noticia para todos los españoles".
El portavoz de C's en la Asamblea de Madrid recuerda que hay un acuerdo PSOE-C's que "representa a nueve millones de españoles", con una serie de reformas "que recoge puntos que son totalmente incompatibles con Podemos". "Podemos no puede firmar un acuerdo como el que firmamos con el PSOE", ha añadido.
Aguado se ha mostrado satisfecho con el acuerdo con el PP en la Comunidad de Madrid: "el acuerdo está funcionando y estoy satisfecho" ya que "en 9 meses el 60% del acuerdo está cumplido o en marcha". Según Aguado, "la comunidad de Madrid está funcionando y eso es positivo" y ha destacado el papel que está jugando C’s "pidiendo cambios, controlando al gobierno pero permitiendo a Cifuentes hacer labores de ejecutivo".
Sobre la dimisión de Eva Borox ha dicho que "es una dimisión que corresponde a ella" y ha recordado que los hechos se remontan a "su etapa de concejal del PSOE". Para Aguado, lo importante es que "ha dimitido y entregado su acta sin ni siquiera estar investigada ni imputada".
Ignacio Aguado ha negado que C’s tenga intención de crear una tasa turística. En su lugar ha abogado por "hacer un plan para saber qué tipo de turismo queremos en Madrid, un sector importante que genera miles de empleos".
En cuanto a Podemos ha afirmado que "en la Asamblea tenemos la fortuna de tener portavoces tranquilos, Podemos tiene un comportamiento correcto". No obstante, ha matizado que "Podemos al final es un partido asambleario en donde se juntan diferentes movimientos como los anticapitalistas lo que hace que veamos comportamientos como sí lo hemos visto en el ayuntamiento".
Categoría: ACTUALIDAD Lunes 21 de Marzo del 2016
Casi 2,5 millones de españoles cambiarían su voto en nuevas elecciones

De los más de 25 millones de votantes en las pasadas elecciones generales, casi 2,5 millones no volvería a optar por el mismo partido si hubiera que repetir los comicios, según una encuesta de NC Report para LA RAZÓN. Además, una cifra algo más baja –2.107.342 ciudadanos– no sabe o no contesta a la pregunta en cuestión. En conjunto, más de 4,5 millones alteraría el color político de su papeleta o tiene dudas sobre qué siglas se llevarían esta vez sus preferencias. Se trata de una abultada cifra que puede decantar en un sentido o en otro el resultado global de unas nuevas elecciones. Como ejemplo, baste tener en cuenta que Podemos logró 3,1 millones de votos el 20-D –que le reportaron, sin sus confluencias, 42 escaños– o que Ciudadanos sumó 3,5 millones –traducidos a un total de 40 diputados naranjas de estreno en la Carrera de San Jerónimo–. En sentido contrario tenemos el signo de la fidelidad a la «marca». Así, un 82 por ciento de los votantes mantendría el sentido del voto que ya fue emitido en la cita con las urnas del pasado mes de diciembre, cifra que no llega por poco a los 21 millones de votantes.
Más de 90 días después de la última cita con los colegios electorales, que tuvo lugar a las puertas de la Navidad, el sentimiento mayoritario es que habrá que volver a emitir las papeletas de voto, esta vez en el umbral del verano –la fecha prevista para otros comicios sería el próximo 26 de junio–, pues así es como piensa el 66,7 por ciento de los encuestados. Un 22,5 considera que no hará falta y un 10,8 no tenía claro o no quiso responder a la pregunta.
Lo que resulta evidente es la preocupación por que persista la falta de Gobierno después de todo este tiempo, aparte de las consecuencias económicas e incluso de representación institucional –los viajes de los Reyes han sido anulados en su mayoría o reducidos a la mínima expresión–. Así se explica que un 60,2 por ciento manifieste su inquietud por este motivo, circunstancia que no perturba al 37,6 por ciento de los españoles.
Porque un intento de formar Ejecutivo sí que ha habido, pero no salió adelante por más empeño que puso el Partido Socialista en cuadrar una aritmética de lo imposible junto a Ciudadanos. La fracasada investidura de primeros de marzo y la actual crisis de Podemos –donde están primando las tesis menos favorables al PSOE–, tienen al líder socialista, Pedro Sánchez, un tanto descolocado, aunque su objetivo sigue siendo claro: llegar a La Moncloa sí o sí. Sus movimientos hacia Ciudadanos han dado paso en los últimos días a una táctica que le permita contar con el apoyo podemita, bien en forma de votación positiva o mediante una abstención en el Congreso de los Diputados cuando fuera necesario. En este último caso le bastaría con el «sí» del PNV, Compromís e Izquierda Unida-Unidad Popular –lo que este diario ha dado en llamar «el pacto de los 143»–, número suficiente en una segunda votación para que Sánchez fuera investido como próximo presidente del Ejecutivo.
Sin embargo, la mayoría de los españoles –el 52,7 por ciento–cree que finalmente habrá un pacto a última hora entre PSOE y Podemos –que ha ofrecido en reiteradas ocasiones su apoyo a Ferraz, con reparto de ministerios y vicepresidencia para Iglesias incluida–. Es un paso que no juzga posible un 40,5 de los encuestados, quizá conscientes de que la postura del partido de Pablo Iglesias sobre un referéndum en Cataluña –línea que fue marcada en rojo por los barones socialistas– complica un posible acuerdo.
Respecto a qué alianza le gustaría a los ciudadanos si sólo hubiese dos acuerdos posibles, los españoles se quedan preferiblemente –un 41,8 por ciento– con la fórmula de la gran coalición tantas veces lanzada por el presidente en funciones, Mariano Rajoy; esto es, un Gobierno integrado por Partido Popular, PSOE y Ciudadanos. Se trata de una propuesta que el líder de los populares ofreció sólo días después de las elecciones, sin descartar que hubiera ministerios para PSOE y Ciudadanos. Su intención era cubrir con urgencia las necesidades de gobernabilidad del país, pese a la sensación de que no sería fácil sortear los escollos de una legislatura que se presumía corta. «Lo más razonable y lo que más se ajusta a la voluntad mayoritaria es formar un Gobierno de amplio apoyo parlamentario», señalaba entonces Rajoy en una rueda de prensa en La Moncloa. Ese «Gobierno amplio» debería liderarlo el PP, primera fuerza en votos y escaños el pasado 20 de diciembre. Y así se lo comunicó a los otros candidatos. La afirmación de que la lista más votada es la que debe hacerse responsable de formar un Ejecutivo es la letanía que no ha variado el actual presidente en funciones, si bien se ha mostrado abierto al diálogo tantas veces como lo ha rechazado el secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez. «No veo una alternativa al planteamiento que he hecho yo. Es la que responde al sentido común y la mejor para los españoles», fue la advertencia que Mariano Rajoy mantiene a día de hoy.
Mientras, un 31,2 por ciento se decantaría por un pacto entre PSOE, Podemos y los partidos nacionalistas y un 27 por ciento no quiere responder o no sabe qué decir.
Acerca del tirón del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, como figura que asumiera la presidencia, un significativo 74,2 por ciento de los españoles no lo ve viable y sólo un 16,2 por ciento contesta en caso afirmativo.
Categoría: ACTUALIDAD Lunes 21 de Marzo del 2016
La dirección del PSOE enfría las expectativas de la próxima reunión de Sánchez e Iglesias

Todo pasa por él. Por Pablo Iglesias. Y a él quiere dirigir el PSOE toda la atención. Si él quiere, Mariano Rajoy puede irse a la oposición. Si él quiere, puede mandar a los españoles a los urnas por segunda vez. Pero una cosa son los discursos y las proclamas públicas, y otra las expectativas. Y, en este momento, en la casa socialista siguen donde estaban, a la baja. En Ferraz no dio buena espina que el líder de Podemos fulminase a su número tres, Sergio Pascual, 'militante' de las filas del 'errejonismo', que perciben como más dialogante. Y tampoco es buena señal, interpretan, que la formación morada insista en romper el acuerdo con Ciudadanos como paso previo para negociar el Gobierno "a la valenciana".
Ese clima sombrío planea sobre la próxima entrevista entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Si es que se celebra antes de Semana Santa, que eso no está del todo claro aún. Ambos se comprometieron a verse para reanudar el diálogo antes del parón vacacional, pero ya solo queda disponible en la agenda el miércoles. El secretario general del PSOE se desplaza este lunes a Canarias, y pasará allí toda la jornada y parte del martes, cuando se vuelva a la capital. Lo cierto es que la cita no está confirmada por ninguna de las dos partes. Tanto en la dirección socialista como en la de Podemos no descartan que la reunión tenga que aplazarse a después de Semana Santa si no se logran casar las agendas de ambos líderes.
Sánchez está dispuesto a mantener este miércoles su segundo cara a cara tras las elecciones con Iglesias -el primero fue el 5 de febrero, en el Congreso-, aunque la esperanza de que su interlocutor afloje el pulso sea lejana. Por eso mismo, miembros de su comisión negociadora le han desaconsejado que se vea de forma inminente con él, porque "no tendría sentido" si el jefe de la formación morada no lanza señales previas de que puede ceder. "Reunirse para certificar que no hay puntos de encuentro es estúpido -sentencia uno de los negociadores socialistas a El Confidencial-. Si Pablo quiere hablar de sillones o de que renunciemos al acuerdo con Ciudadanos... no hay posibilidad. Sí creemos que una reunión que parta de esas premisas es absurdo. Y Pedro participa de esta argumentación. Para que tenga sentido esa entrevista a dos, se tiene que prever que sirva para avanzar algo". "Verse ahora, ¿para qué? Esta reunión no puede ser un fracaso más. Hay que trabajarla y eso necesita tiempo y silencio", argumenta a su vez otro de los dirigentes del PSOE implicado en las negociaciones.
La dirección del PSOE enfría las expectativas de la reunión de Sánchez e Iglesias
Tres meses en funciones
Aprovechar el "último cartucho"
Miembros del equipo de diálogo designado por Sánchez tienen la convicción, por tanto, de que una cita entre los dos líderes no puede ser mal aprovechada, que salir de la misma con otro portazo mutuo sería "gastar el último cartucho". Porque entretanto el tiempo va corriendo. En la cúpula socialista entienden que Podemos ha de trasladar primero qué opina de ese Gobierno "transversal" que busca su jefe de filas, cuál es su juicio de las medidas contenidas en el programa de gobierno suscrito con Albert Rivera, qué exige para ofrecer una abstención, absolutamente necesaria para que la investidura de Sánchez prospere. "Pero es que hasta ahora se ha negado a reunirse con nosotros", se quejan. En cuanto Sánchez y Rivera firmaron su entente, Iglesias se levantó de la mesa, y no ha habido más contactos formales entre los dos partidos. Ni siquiera se han visto Alberto Garzón y los negociadores de Podemos, encabezados por Íñigo Errejón, pese a que el portavoz de IU en el Congreso le pidió cita el pasado martes. El diputado y los suyos sí se vieron con los socialistas el jueves, sin que se produjeran avances, porque todo está a la espera de que cuaje el entendimiento entre las dos grandes formaciones de izquierdas. Sin un mínimo consenso entre ambas, pensar en la investidura es una entelequia.
"Verse ahora, ¿para qué? Esta reunión no puede ser un fracaso más. Hay que trabajarla y eso necesita tiempo y silencio", asegura uno de los negociadores
Los negociadores advierten de que las hojas del calendario van cayendo, y cada vez quedan menos. Ya han pasado 92 días desde el 20-D. Aunque la fecha tope sea el 2 de mayo -para entonces tendría que estar elegido un nuevo presidente del Gobierno, y si no las Cortes se disolverán automáticamente y se convocarán elecciones para el 26 de junio-, realmente se tendrá que saber días antes si hay o no opciones de que esta vez una investidura sí triunfaría. Es decir, que no se podrán apurar los tiempos tanto como en Cataluña, donde Junts pel Sí y la CUP alcanzaron un acuerdo un día antes del fin del plazo, de forma que se pudo convocar el pleno en el Parlament y elegir a Carles Puigdemont como sucesor de Artur Mas por mayoría absoluta.
Sánchez e Iglesias, representados en una de las fallas de Valencia, el pasado 16 de marzo. (EFE)
Para elegir al jefe del Ejecutivo central, hace falta que el Rey, cuando constate que hay acuerdo entre los grupos, llame a sus líderes, proponga un candidato y el presidente del Congreso convoque un nuevo debate de investidura, que se prolonga, como ocurrió con el último, dos días. En primera votación, el aspirante necesitaría de mayoría absoluta, y en segunda vuelta, 48 horas después, le bastaría con disponer de más síes que noes. Es decir, que el pleno debería convocarse en la última semana de abril como tarde. "No queda más de un mes, como se dice. Quedan 20-25 días hábiles para negociar, y con la Semana Santa por delante", alerta un alto mando socialista.
La dirección del PSOE enfría las expectativas de la reunión de Sánchez e Iglesias
María González Veracruz (PSOE) pide a Pablo Iglesias "que deje de pensar en los sillones"
Al margen de que se produzca la reunión entre Sánchez e Iglesias, no hay ninguna cita prevista de las comisiones negociadoras de PSOE y Ciudadanos -o del PSOE solo- con otras fuerzas políticas en esta semana. Ambas formaciones sí seguirán su ronda con colectivos sociales. Este lunes, mantendrán un encuentro con organizaciones como Unicef, Save the Children o CERMI con el mismo objetivo, "enriquecer" el programa de gobierno. Los socialistas no quieren perder a sus socios naranjas: están dispuestos a introducir modificaciones, pero no a desbaratar la entente con ellos.
Que no piense en los sillones
Las expectativas respecto a un viraje de Podemos son, hoy por hoy, bajas. Ya decayeron para los socialistas cuando Iglesias purgó al sector "más moderado". Ahora, con Pablo Echenique al frente de la Secretaría de Organización, Ferraz se mantiene prudente: reconoce que se alineó con los anticapitalistas en la asamblea fundacional de la formación morada, pero también que fue capaz de pactar con Javier Lambán y le hizo presidente de Aragón. "La verdad es que Pablo nunca ha dado muestras reales de querer negociar. Pero tampoco tienen ellos un comportamiento predecible como el de IU o PNV. Tenemos claro que el PP no va a cambiar su voto, pero con Podemos no sabemos", asegura uno de los negociadores. A lo que se aferra el equipo de Sánchez es que al final a Podemos le venza el miedo a empeorar sus resultados en unas nuevas elecciones, circunstancia que podría agravarse con su crisis interna. "Esperamos que recapaciten", aseveran fuentes oficiales.
La esperanza de la cúpula socialista es que Podemos se abstenga, aunque advierte de que el tiempo se agota y el modelo catalán no se puede calcar
Eso es lo que trasladan en sus declaraciones públicas los portavoces socialistas. Este domingo, la secretaria de Ciencia, Participación y Política en Red, María González Veracruz, reclamaba a Iglesias "que piense un poquito en la gente y menos en los sillones" y no mantenga a Rajoy en La Moncloa. "Ya está bien de desplantes, imposiciones imposibles y líneas rojas como el derecho de autodeterminación en Cataluña", dijo. "Si Pablo Manuel Iglesias rectifica hoy, podríamos tener otro Gobierno", añadió. El sábado, el secretario de Organización del PSOE, César Luena, advertía desde Burgos de que "si hay voluntad", todavía "hay tiempo", pero es necesario "abandonar la actitud de bloqueo".
La dirección del PSOE enfría las expectativas de la reunión de Sánchez e Iglesias
César Luena: “Hay que abandonar la actitud de bloqueo”
Sánchez pidió esta semana incluso la mediación del primer ministro griego, Alexis Tsipras, con quien coincidió en Bruselas. El líder de Syriza se negó. Una petición que irritó a algunos cuadros socialistas. También se reunió el pasado viernes, en Fallas, con la vicepresidenta valenciana, Mònica Oltra, y el alcalde de Valencia, Joan Ribó, ambos de Compromís, como un guiño hacia la formación que desea tender puentres entre PSOE y Podemos. Y su equipo negociador se vio a solas con IU, sin C's, para desencallar el bloqueo.
La dirección del PSOE enfría las expectativas de la reunión de Sánchez e Iglesias
Begoña Villacís cree que Ciudadanos, PSOE y Podemos no pueden estar "en el mismo barco"
Pero Sánchez no tiene muchas más opciones. O Podemos se abstiene o España irá a nuevas generales. "O cambio o elecciones", según el mantra repetido por el secretario general. Abandonar a Rivera para abrazar a Iglesias y su Gobierno de coalición no entra por ahora en los planes de Ferraz.
El congreso se mantiene en su fecha, salvo nuevo consenso de Ferraz y las federaciones
Si nada cambia, el PSOE se dirigirá hacia su 39º Congreso Federal de forma inexorable. Ferraz sondeó a federaciones críticas y afines para ver si había consenso suficiente para retrasar el cónclave. Los territorios más distanciados de Pedro Sánchez, sin embargo, esquivaron la pelota: algunos barones de peso creen que podría ser conveniente aplazarlo, pero quieren que sea Ferraz el que dé el paso y tome la decisión de posponerlo. Y en el aparato federal desean que sean los barones los que pidan ese retraso. Resultado: un pulso soterrado por la fecha del congreso, lo mismo que hace meses.
En el comité federal del 30 de enero, Sánchez tuvo que ceder y aceptó situar el cónclave el 20, 21 y 22 de mayo, como un mes antes de lo que pretendía. Pero 15 días antes, el 8 de mayo, los 190.000 militantes del PSOE podrán elegir por sufragio directo a su secretario general. Ello implica que del 11 al 14 de abril se deberán anunciar las precandidaturas y del 15 al 25 del mes próximo se prolongará el periodo de recogida de avales. Para paralizar todo este calendario congresual ya aprobado, debería reunirse de nuevo el comité federal.
"Si hay consenso de las federaciones del PSOE para cambiar la fecha, se hará", decía la secretaria de Política Municipal, Adriana Lastra, una dirigente muy próxima a Sánchez, el pasado jueves en TVE, añadiendo que no es buen momento ahora para ponerse a recoger avales. Calcaba las palabras de su jefe. En las federaciones afines también se siente que sería conveniente aplazar el cónclave. En las críticas, no quieren dar pasos en falso y prefieren que sea Ferraz quien explique por qué es mejor retrasarlo -"son ellos los que tienen todos los argumentos y los datos", repiten varios dirigentes- y haga la propuesta formal. Los barones salieron escarmentados del intento de desbancar al líder tras las generales, porque sus maniobras no fueron entendidas por la militancia. Ahora prefieren no asumir riesgos. De los tiempos están pendientes Susana Díaz y todo el PSOE.
Categoría: ACTUALIDAD Lunes 21 de Marzo del 2016
El nuevo rumbo de Iglesias y el aguante de Rajoy condenan al divorcio a Sánchez y Rivera
Pablo Iglesias y Pablo Echenique en un acto de campaña
La decisión de Pablo Iglesias de promocionar a Pablo Echenique como nuevo secretario de Organización de Podemos no solo tiene una lectura en clave interna, que pretende zanjar la crisis en el partido a cuenta del choque con Iñigo Errejón. Su nombramiento y el nuevo impulso que le otorga a Iglesias recolocan a todos los actores para unas negociaciones que se espera que se aceleren tras la Semana Santa.
Sin embargo, la reunión que Iglesias pretende mantener con Sánchez la próxima semana puede suponer un impulso a una nueva fase de la negociación que parece cosificada. El ascenso de Echenique, que es una forma de acercarse a los tradicionales críticos de Izquierda Anticapilista, tiene una lectura clara de distanciar a Podemos con cualquier posibilidad de participar en una fórmula de Gobierno que incorpore a Ciudadanos. No obstante, hay elementos que corroboran que Iglesias está dispuesto a una negociación en la que ha reducido algunas de las pretensiones que ponía de partida.
Ya no existe por ejemplo una exigencia al PSOE de que rompa su acuerdo con Ciudadanos antes de ponerse a negociar con ellos. El viernes, Iglesias se limitó a decir que la imposibilidad de ir junto a Ciudadanos se iría certificando con el tiempo. «Voy a plantear a Pedro Sánchez un programa de Gobierno. Cuando tratemos de avanzar en materias económicas y de rescate social estoy convencido de que se plantearán algunas incompatibilidades. Si él se acerca más a los que defendemos una política más social, eso por sí solo hará que haya que buscar acuerdos parlamentarios con Compromis e IU».
Pero pese al perfil de Echenique, alejado del pragmatismo de Errejón, que corroborá la apuesta de Iglesias por acercarse al PSOE desde una posición de fuerza, el líder aragonés del partido tiene a sus espaldas precedentes de negociación con los socialistas caracterizados por la confrontación pero también por la capacidad de llegar a acuerdos. Javier Lambán es presidente de Aragón gracias a los votos de Podemos, que lo sustenta desde fuera del Gobierno, y ha aprobado los presupuestos para 2016 gracias al apoyo de Echenique. El barón aragonés pronunció unas palabras entonces que presentan a alguien con más dosis de pragmatismo de las que se han presentado hasta ahora: «Los Presupuestos son grises con topos morados, pero no hacerlo hubiera supuesto prorrogar los del PP».
El PSOE pone ya todas sus cartas en tratar de alcanzar un acuerdo con Podemos. Lo que pase después con el acuerdo que ya han alcanzado con Ciudadanos es un tema que parece secundario. El secretario de Organización de los socialistas valoraba ayer que «todavía hay tiempo» para la conformación de un gobierno del cambio «si hay voluntad».
Ese mismo argumento que en su día daba Echenique para aprobar las cuentas autonómicas de Lambán es lo que el PSOE va tratar de explotar. Luena criticaba ayer que «no es entendible» que siga estando en funciones el Gobierno de Mariano Rajoy.
En Ciudadanos, por contra existe cada vez más preocupación por el rumbo de unos acontecimientos que amenazan con dejarlo compuesto y sin novio. Aunque el mensaje oficial pasa por transmitir tranquilidad porque su acuerdo con el PSOE «es sólido» y es a su vez incompatible con Podemos.
Pero ayer el número dos del partido apremiaba al PP a sentarse a negociar ya, porque de lo contrario la única aritmética posible que se abriría para formar Gobierno sería la de Pedro Sánchez con Podemos y la participación mediante alguna forma de los independentistas. Para José Manuel Villegas, si no se forma un «gobierno constitucionalista» las alternativas sólo son «un gobierno populista o nuevas elecciones, y ninguna de las dos es buena para España».
Ciudadanos mantiene la misma estrategia de sentar a PSOE y PP en una mesa de negociación a tres. Y no hay atisbos de que cambien, ya que es la fórmula que siempre han defendido y la única suma aritmética que les otorga un protagonismo que los resultados electorales le niegan pero que Rivera ha sabido labrarse en las últimas semanas. Insisten en que «para desatascar la situación lo ideal es que en ella no se sienten los líderes políticos, sino equipos de trabajo que hablen de programas y propuestas».
Pero el PP sigue inmune a los llamamientos del partido de Rivera. La relación entre las dos formaciones se ha deteriorado muchos las últimas semanas. Los populares siguen planteando que el acuerdo PSOE-Ciudadanos ya ha caducado y que ahora Rajoy debe pilotar unas negociaciones que partan de la base de que debe ser el partido que ha ganado las elecciones quien lidere el Gobierno. «Nosotros», aseguró ayer Rajoy en un acto en Toledo, «no vamos a participar en este sainete» pero la mano del PP sigue tendida a PSOE y C's para una investidura de un gobierno presidido «por quien ha ganado las elecciones». «Me he sentido muy querido y apoyado en este acto, y quiero que sepáis que no me voy a rendir nunca».
Categoría: ACTUALIDAD Domingo 20 de Marzo del 2016
